miércoles, 10 de junio de 2009

Cantar más que hablar: Hugo Ball










Según Hans Richter: ''Ball, por razones de consciencia, se convirtió en el catalizador que fusionó todos los elementos a su alrededor, y fueron estos lo que luego fundaron el dadaísmo''. Después de decepcionar a las milicias de su país, Ball llegó a Zurich desilucionado de la guerra: ''La guerra está fundada en un error inmenso, los hombres han sido confundidos con máquinas''. En esta ciudad, Ball decidió montar un club nocturno donde todos pudieran pegar sus ''mamarrachos'' en la pared. Así fue que comenzó el Cabaret Voltaire al lado de Emmy Hernnings (su mujer, bailarina y poeta), Tristan Tzara y otros más. ''Así el cinco de febrero, dice Hugo, teníamos el cabaret. La señora Hernnings y la señora Leconte cantaban en francés y en danés. Tristan Tzara recitaba poesía rumana. Una orquesta de balalaika tocaba maravillosas canciones folklóricas''.


Para Ball el canto era más importante que la palabra. Había que retornar a lo primitivo, ir a la más profunda ''alquimia de las palabras''. De este pensamiento resultan los primeros inventos de la poesía sonora dadaísta. A continuación, Karawane, uno de los primeros poemas en presentarse en el Cabaret:









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